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El mundo de R

13 Dic

Sonará a tópico, pero cada día estoy más enamorada de mis niños. Concretamente estoy disfrutando como una loca de la etapa que le toca vivir a R. Ha empezado a comunicarse y a interpretar el mundo a su manera, sin filtros, sin vergüenzas, basándose en las pautas que a diario le brindamos sus padres y familia y las que le van enseñando en el parvulario. Al principio era él quien repetía las palabras que le íbamos enseñando, pero poco a poco somos nosotros los que las repetimos, a veces porque no estamos seguros de lo que nos quiere decir, y otras porque nos morimos de la risa…

Quisiera inmortalizar este momento y por eso he pensado que sería una buena idea inaugurar una nueva página en el blog: un glosario de R, con su particular forma de ver el mundo. En el futuro me gustaría hacer algo más artesanal con todas estas palabras. De momento tengo algunas ideas, y os paso los enlaces que me inspiran:

Now, that’s quotable: álbum Digital con citas o frases divertidas de los niños que quiera inmortalizar.
Mis primeras palabras: libro con las primeras palabras de R, poniendo fotos de nosotros, de Bally, etc. y, entre paréntesis, las palabras tal y como las pronuncia R.
Los tres minipinos: es el blog de una amiga, que además es creativa publicitaria, donde recopila las geniales frases de sus tres niños.
Frases Célebres de El Hormiguero: libro que recopila frases de lo más espontáneas de niños.

Los niños nos enseñan

Aprender de los niños

Extreme Makeover

26 Nov

Confieso que no sé disfrutar de la tranquilidad. Ya lo he dicho alguna vez. Si una tarde se presenta sin nada que hacer, los que me conocen huyen. De hecho, sospecho que E se ha construido un búnker en algún lugar de esta ciudad. Sin cobertura, sin Internet, pero sobre todo, a prueba de mí. Un lugar donde sólo hay un sofá, una tele con un disco duro lleno de pelis de acción y un bote sin fondo de Nutella. Cuando huele la calma chicha E se esconde en el búnker, sin los niños, que por sus medios no pueden escapar a la enajenación mental transitoria de su madre.

Entonces pasó. Se presentó una tarde tranquila. Sin avisar. Un jueves cualquiera me encontré plantada a las 4 de la tarde en casa sin ningún proyecto que hacer, ninguna cita laboral, y la casa y la cena hechas. Y sin más, se me ocurrió…

-¿Por qué no les corto el pelo a los niños?-

Yo no había cortado el pelo a nadie en mi vida. Ni mi flequi en la pubertad. Ni al perro. Así que me metí en Google y pregunté…”¿cómo narices le corto el pelo a mis niños?” Y me enseñó unos vídeos bien majos que estuve repasando durante unos veinte minutos…En fin, que como a veces me creo lo que veo en las pelis, debí pensar que era Neo en Matrix y me dije: “Ya sé cortar el pelo”.

Entonces preparé el escenario del crimen. Cogí unas tijeras de escalar que tenía por casa, la trona y uno de esos baberos de Ikea, y lo llevé todo al cuarto de baño. Desnudé a R para no llenarle de pelos, le planté la bata, le mojé el pelo y…Entonces tuve un momento de lucidez y le pregunté a Súper Z…¿tú sabes cortar el pelo?  Súper Z, que es prácticamente perfecta se sinceró: “una vez cortar pelo a un sobrino. Pero muy mal.” Así que volví a la estrategia inicial y me motivé con un…¡Tú puedes! Porque para algo soy su madre, ¿no?

Empecé muy bien. ¡Estaba chupao! R mirando fíjamente el iPad dejándose hacer. Súper Z tenía a C en brazos y ambos miraban la escena con pasión. ¡Qué fácil es esto! ¡Está quedando guapísimo! Y me fui animando hasta convertirme en una de esas peluqueras sádicas a quienes les pides que te corten las puntas y te dejan a lo Grace Jones.

No voy a echarme flores, pero tampoco es cuestión de flagelarse. El momento vaciado no estuvo mal. El problema fueron las 3 secuelas, léase: momento patillas, momento flequillo y momento coletilla. Tuve que correr a la droguería a comprar unas tijeras normales, porque las de escalar no me servían, pero para cuando habia vuelto R ya no quería ni iPad, ni trona, y ni mucho menos corte de pelo. Como es tan rico se miraba al espejo y se hacía ojitos, como dándome su aprobación por el corte de pelo, pero a la que le ponía la mano en la cabeza gritaba como la niña del exorcista.

Bueno, podría haber sido peor, pensé. Entonces llamaron a la puerta. La prueba de fuego. La abuela P. Y es que la abuela P es la principal defensora de mi primogénito, que hasta hace poco menos de 2 meses era su primer y único nieto. Cuando no come es porque estará mal cocinado, cuando pega a otro niño será porque algo le habrán hecho…si hay alguien que no es capaz de ver al niño feo, ni trasquilado como una oveja esa es la abuela P.

“¡Oh! ¡Te han rapado! ¡Mi chiquitín!” Dijo con el tono meloso que caracteriza a todas las abuelas…”Prueba superada”. Pensé. Pero a la que el niño se dio la vuelta le cambió la cara…¿¡De verdad!? ¿Tú sola? ¿No has ido a la peluquería? ¡¿No me lo puedo creer?! ¿ESTÁS LOCA? ¿Y AL OTRO TAMBIÉN?  Y es que en esta vida si hay una cosa que mi madre no puede soportar es que al niño le corten el pelo. Es un hecho. Menos mal que después de vomitar la verdad le quitó hierro al asunto, porque en el fondo me conoce, y sabe que lo hice con buena fe y que he aprendido la lección: la peluquería no es lo mío.  Y así, terminó sentenciando: el que es guapo, es guapo…que luego matizó con un…”aún queda un mes para las Navidades”. Y es afortunadamente al niño le crece el pelo más rápido que la barba a Homer Simpson…

R: antes, durante y después de la masacre

La mochila de R

14 Nov

Este post se lo dedico a mi amiga E, que nos vino a visitar desde Madrid para conocer al pequeño C, y que le trajo a R una chulada de mochila justo a tiempo para empezar la guarde, el pasado 5 de noviembre.

Cuando empezamos a pensar en llevar a R a la guardería, decidimos que sería mejor que en vez de empezar en septiembre,  lo hiciese un poco más tarde por dos  razones. Por un lado, porque no queríamos que R se sintiese desplazado por el bebé, y por otro, para que R no contagiase a C de todos los posibles microbios que podría pillar. Hablándolo con sus futuros profesores y con el pediatra, ambos nos confirmaron que era la mejor decisión (aunque cada vez tengo más claro que profes y pediatras dan la razón a los tontos, a los locos y a los padres).

En fin, yo súper preocupada por R y C, por los celos, por la adaptación, por el abandono, los contagios, etc. y ni se me pasó por la cabeza lo mal que lo iba a pasar yo…Pero es que los profesores tampoco ponen nada de su parte. Para que os hagáis una idea, os dejo una serie de comentarios que me han dicho esta semana, y entre paréntesis, lo que creo que han querido decir…

1) Sólo ha llorado un poquito (se ha pasado toda la mañana berreando).

2) Ha hecho una amiga especial  (los niños de su clase le odian, menos mal que hay una niña que no).

3) De momento le dejo ir haciendo lo que quiera. Está en período de adaptación (la única niña que juega con tu hijo hoy no ha venido a la guardería).

4) Le he dado un lápiz, pero no ha entendido que tenía que pintar y se lo ha metido en la boca (lo siento, pero tu hijo es un poco zote).

5) Tu hijo es bastante movido (se nos ha escapado el crío esta mañana, pero por suerte le hemos encontrado).

6) Ha tenido un momento de crisis, pero se le ha pasado enseguida  (se ha pasado toda la mañana gritando como un poseso).

7) Hoy está especialmente cansado (si no se acaba el desayuno, mejor no me lo traigas).

8) Qué chulada de mochila (Qué chulada de mochila).

La mochila de R

Por cierto, la mochila es de Deglingos. ¿No os flipa? E la compró en Suit Baby, en Barcelona, aunque también la podéis comprar online.

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